Era domingo a media tarde, cuando decidí llamar a mis pocas amigas para despedirme. Mañana a las 7 AM salía nuestro avión hacia el otro lado del planeta. Tenía mis valijas preparadas, los muebles y roperos quedaron vacíos, pero quedaron. Supuestamente volveríamos pronto, así que mis padres no venderían la casa. Me quedaba bastante tranquila al saber que por ahí podría convencerlos allá y poder volver acá y vivir con Alex. Si claro Abi, seguí soñando.
Aparte del dinero, otra cosa obvia para dejar Londres, era mi relación con Alex. En resumen, mis padres lo odiaban. Decían que no tenia futuro con el, que era un simple chico con el sueño de súper estrella. Realmente no lo conocían, él tenia un gran talento y yo obviamente lo apoyaba en su carrera.
A eso de las siete tocó el timbre. Le abrí la puerta, mis padres estaban sentados en el sofá. De fondo se veían todas las valijas, pero lo único que yo podía ver era las lágrimas de Alex tratando de no escapar de sus hermosos ojos negros.
Marie: - Alex, entiendo que estés enojado con nosotros, pero necesitamos ese dinero, necesitamos una vida mejor – dijo inventando mi madre.
Alex: - Abi no necesita una vida mejor, porque tiene todo lo que necesita acá – su voz estaba a punto de quebrarse, pero se las aguantaba, no quería quedar como un nene.
Marie: - Y como sabes vos que es lo mejor para mi hija? Vos que la alejaste de toda persona con la cual podría haber sociabilizado? Vos que le llenaste la cabeza con ilusos sueños de que ella podría ser alguien importante en el mundo de la música? Vos que – fue interrumpida.
Alex: - La verdad no me importa lo que digas Marie, vine acá para darle algo a Abi y listo – dijo y saco algo del bolsillo de su caído jean.
Ahí fue cuando lo vi, relucía como puro oro. Es que lo era, oro blanco del cual sobresalía exageradamente un hermoso diamante. Creo que abrí tanto los ojos que se me salían, pero no eran unas lágrimas, de felicidad obviamente
Alex: - Abi, casate conmigo y olvidate de toda esta porquería que tus padres armaron para alejarte de mi – dijo cuando se estaba por poner de rodillas, pero corrí a detenerlo.
Abi: - Que haces Alex? Estas loco? – lo abrace con toda la fuerza que mis brazos pudieron hacer.
Alex: - No dejes que nos separen, por favor – trato de decir mientras brotaba el llanto desde el fondo de su corazón.
En ese momento, lo único que pude hacer fue agarrar el anillo. Ya que mi papá lo saco de casa.
Perfecto, que divina despedida.
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