Me desperté cuando por séptima vez sonó en mi celular 2+2=5. Era él. Lo atendí.
Abigail: - Hola, que pasó?
Alex: - Así me vas a atender? Ni un buenos días mi amor?
Abigail: - Lamento decirte que los míos no son buenos, y creo que los tuyos tampoco. Necesitamos hablar – dije antes de que mi voz se pudiera quebrar por completo.
Sentí cuando corto el celular. Espere alrededor de tres minutos y escuche que Alex toco el timbre.
Lo único que pude hacer fue abrazarlo fuerte, fuerte y quebrar en llanto. Tenía dos días para disfrutarlo al máximo. Y en ese momento lo único que quería sentir era su cuerpo pegado al mío, para siempre.
Nos separamos y me besó, como pocas veces lo había echo. Seco mis lágrimas y nos sentamos en el sillón.
Alex: - Podes decirme que te pasa, Abigail.
Abigail: - Bueno – en sus ojos podía verme a mi misma, tenia una cara fatal por amor a dios – Que fea me veo – rió – Mis padres decidieron volver a Estados Unidos – suspire y un par de lagrimas rodaron por mis mejillas.
Alex: - No es tan grave Abi, vas a poder visitarlos seguido, yo voy a acompañarte si queres – dijo con una sonrisa que trataba de ser tranquilizadora.
Abigail: - Me llevan con ellos, no hay posibilidad de que me quede – dije tratando de ser clara, ya que el llanto me lo impedía.
Alex: - NO TE PUEDEN LLEVAR, NO, NO – dijo levantándose del sillón, llendo hacia la cocina – DONDE ESTAN? DONDE ESTAN, QUIERO HABLAR CON ELLOS.
Abigail: - No están, amor, por favor calmate – levantándome también.
Alex: - Ellos, no pueden, ósea, justo ahora, no pueden – dijo sentándose de nuevo en el sillón agarrándose la cabeza.
Abigail: - Si que pueden – me salio del alma decir eso, en realidad lo dije por decir su ‘justo ahora’ había quedado retumbando en mi cabeza.
Alex: - Entenderías si me hubieras dicho todo esto mañana – dijo secándose una lagrima había salido tan delicada y tristemente de su ojo para mojar a la perfección su mejilla.
Nunca lo había visto llorar, aunque el era la persona mas sensible y emotiva que podría haber conocido (después de mi) y nunca había tenido la oportunidad de verlo llorar. Y ahora, lo estaba haciendo, por mi culpa. No podía dudar de su amor incondicional. Cada milésima de segundo que pasaba no hacia más que enamorarme más de él. Lo que veía por fuera era tal cual a lo que podía ver a través de sus ojos por dentro. Una persona pura, sincera, con sentimientos más que verdaderos hacia mí. No podía perderlo, por culpa de mis padres, mis avaros padres, que solo querían volver a New Jersey por trabajo. Dinero. Era lo único que habitaba cada neurona de sus pequeños cerebros.
Parece que un amigo de mi padre estaba ganando bastante dinero, con un trabajo que no recuerdo cual es, pero que tampoco me interesa.
Ahí seguíamos nosotros acostados en el sillón, solo podía escuchar el sonido de su corazón golpeando mi oreja. Creo que no podía pedir mas, ese hermoso sonido en menos de dos días, desaparecería de mi vida. Y en ese momento también dejaría de latir mi corazón.
Esa hermosa burbuja que habíamos formado Alex y yo, había sido pinchada por el ruido de la puerta de mi casa. Eran ellos. Alex me empujó de su pecho y se levanto muy bruscamente, parecía estar decidido a enfrentar a mis padres.
Alex: - Marie, dejá la puerta abierta, ya me voy – dijo saludándome con un seco beso en los labios, dejándome con un sabor amargo.
Marie: - No queres quedarte a comer? Hoy cocino yo – dijo mi mama sonriente
Alex: - Prefiero morirme antes que degustar esa asquerosa comida, esto no va a quedar así – fueron las ultimas palabras que escuche antes que diera un portazo.
La cena fue tan horrible, no porque estuviera fea. Si no que nunca Alex le había faltado el respeto a mi madre. Realmente estaba enojado, y parece que no iba a dejarme ir tan fácilmente.
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